Viralidad vs relevancia: cómo funciona realmente la agenda mediática

En las últimas semanas se han viralizado en medios y redes sociales españolas numerosos contenidos sobre los llamados therians, personas que se identifican espiritualmente con animales y cuya presencia en debates televisivos y plataformas digitales ha generado polémica.
Al mismo tiempo, el 18 de febrero de 2026 se conocía la detención del expríncipe Andrés de Inglaterra, hermano del rey Carlos III, interrogado durante horas y posteriormente liberado bajo investigación por presunta “mala conducta en cargo público”, según informaron RTVE y otros medios internacionales. La investigación estaría relacionada con supuestas filtraciones de información confidencial durante su etapa como enviado especial para el Comercio Exterior del Reino Unido, en conexión con el caso Jeffrey Epstein.
Ambos hechos han coexistido en el mismo espacio temporal. Sin embargo, su tratamiento mediático ha sido muy diferente.
El caso del expríncipe Andrés: un asunto institucional
La detención y posterior investigación del expríncipe Andrés es un asunto de relevancia institucional. Implica a una figura vinculada a la familia real británica, a posibles filtraciones de información sensible y a conexiones previas con el caso Epstein, uno de los mayores escándalos internacionales de la última década.
Diversos medios españoles recogieron la noticia citando fuentes oficiales y agencias internacionales. El Palacio de Buckingham anunció su disposición a cooperar con la justicia.
Se trata, por tanto, de un hecho verificable y documentado, con implicaciones políticas y diplomáticas.
El fenómeno “therians”: viralidad y debate cultural
Por otro lado, el fenómeno de los therians ha generado amplio debate en redes sociales y espacios televisivos. Clips virales, tertulias y discusiones digitales han amplificado el tema, convirtiéndolo en conversación recurrente durante días.
Desde el punto de vista mediático, es comprensible: se trata de un contenido con alta capacidad de generar interacción, polarización y clics. En la economía de la atención actual, lo que provoca reacción emocional suele escalar con mayor rapidez.
¿Existe una “cortina de humo”?
En redes sociales han surgido teorías que sugieren que la amplificación del fenómeno therian podría estar actuando como distracción frente a noticias de mayor gravedad institucional.
Sin embargo, no existe evidencia que demuestre una coordinación deliberada para ocultar información. Lo que sí puede observarse es una dinámica habitual en la era digital: los contenidos más emocionales y disruptivos tienden a recibir mayor exposición algorítmica que los asuntos institucionales complejos.
Más que una “orquestación”, podría tratarse de una consecuencia estructural del ecosistema mediático actual.
La lógica de la agenda mediática
Los medios tradicionales y digitales operan bajo incentivos claros:
- Métricas de audiencia
- Retención de atención
- Interacción en redes
- Competencia por clics
En este contexto, los contenidos que generan reacción inmediata suelen ocupar más espacio que aquellos que requieren análisis pausado.
Esto no implica necesariamente manipulación consciente, pero sí evidencia un desequilibrio entre viralidad y relevancia estructural.
Una reflexión necesaria
En una sociedad hiperconectada, el problema no siempre es la falta de información, sino la jerarquización de la misma.
Que un tema cultural se viralice no invalida su interés, pero conviene preguntarse si los asuntos institucionales reciben una cobertura proporcional a su impacto.
La responsabilidad no recae únicamente en los medios, sino también en el consumo que hacemos como audiencia.
Entender cómo funciona esta dinámica es parte del ejercicio crítico de cualquier ciudadano informado.
Nota editorial
En Alerta Trabajo centramos habitualmente nuestra cobertura en el ámbito laboral. No obstante, creemos que analizar cómo se construye la agenda informativa también forma parte del debate público, especialmente cuando afecta a la percepción colectiva de los acontecimientos.