El salario mínimo subirá a 1.221 euros en 2026, pero el debate sigue abierto

El salario mínimo interprofesional (SMI) volverá a subir en 2026, aunque esta vez con menos fuerza que en años anteriores. El Gobierno ha trasladado a sindicatos y empresarios su intención de incrementar el SMI un 3,1%, hasta los 1.221 euros brutos mensuales en 14 pagas. En la práctica, supone 37 euros más al mes para cerca de 2,5 millones de trabajadores.
La subida tendrá efectos retroactivos desde el 1 de enero y, según ha confirmado el Ministerio de Trabajo, quienes perciban el salario mínimo seguirán sin tributar en el IRPF. Para lograrlo, Hacienda deberá aplicar las deducciones necesarias en la campaña de la Renta de 2026, repitiendo una fórmula ya utilizada en años anteriores y que vuelve a generar tensiones dentro del propio Gobierno.
El incremento propuesto se sitúa apenas dos décimas por encima de la inflación registrada en 2025 y queda lejos de las demandas iniciales de los sindicatos, que reclamaban una subida del 7,5%. Aun así, tanto UGT como CC OO han dado su visto bueno a la propuesta. La patronal, por su parte, podría sumarse al acuerdo si finalmente se permite a las empresas repercutir estas subidas salariales en los contratos públicos.
Ese es el principal punto de fricción del momento: la posibilidad de relajar las reglas de desindexación para que las empresas que trabajan con la administración no asuman en solitario el aumento de los costes salariales. El Ministerio de Trabajo se ha comprometido a negociar esta opción, aunque la vicepresidenta Yolanda Díaz ha reconocido discrepancias internas, especialmente con el Partido Socialista, que se ha mostrado reticente a aceptar esta medida.
Con acuerdo tripartito o sin él, el Ejecutivo tiene claro que aprobará la subida del SMI en el Consejo de Ministros en las próximas semanas. La medida beneficiará a millones de trabajadores, pero reabre el debate de fondo: un salario mínimo que ha subido de forma notable desde 2018, mientras el coste de la vida, especialmente la vivienda, sigue creciendo a un ritmo difícil de asumir para quienes cobran lo justo.
La incógnita es si esta subida será suficiente para mejorar de forma real el poder adquisitivo de los trabajadores o si, una vez más, llegará tarde y se quedará corta. Las cifras cuadran sobre el papel, pero la realidad de las nóminas sigue siendo otra muy distinta.